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Reseñas


San Ignacio Lobo bien puede ser el mundo


En los últimos tiempos el género terror ha tendido a mezclarse con la risa y a volverse bizarro. Esto no es bueno ni malo, habla sí de un fenómeno general de pérdida de solemnidad en la literatura y también de la dificultad de tomarse las cosas demasiado en serio, con demasiadas certezas, que viene caracterizando a gran parte de las obras argentinas en las últimas décadas y ha dado muy buenos frutos, aunque también otros olvidables. Pero aunque el terror burlón no sea ni bueno ni malo, es tal vez la hora de desautomatizar esa escritura que juega con el gore y el grotesco, es hora de que no se vuelva una receta. Por fortuna para eso, César Zavatti escribió El vinculado. Efectiva y precisa, esta novela propone, a su modo, un regreso a las fuentes pero para construir algo nuevo. Entre Poe y Conrad, entre Mary Shelley y Lovecraft, pero también apuntando (intencionalmente a veces, otras no) a nuestras propias tradiciones camperas, a nuestra historia política o al cientificismo oscuro que remite al Lugones de Las fuerzas extrañas. Zavatti produce climas siniestros que contaminan un pueblo de campo en la Provincia de Buenos Aires pero también el helado Polo Norte, se mueve entre las tradiciones europeas más antiguas y las fantasmagorías de nuestra pampa, entre un pequeño pueblo maldito que, como el Derry de Stephen King, tiene una antigua historia de horror inexplicable que llega a nuestros días, y la ciudad universitaria adonde una joven profesional culmina su carrera y marcha en busca de su destino, como imantada por una fuerza oscura. Me interesan de El vinculado no solo la originalidad de volver a las fuentes del gótico para escribirlo en el siglo XXI, sino también el modo en que se conecta este gesto de rescate con el neo-terror bizarro del presente, a partir de un doble movimiento opuesto: por un lado, la novela se escribe explorando un lenguaje que no aparece en general en la producción actual: El vinculado no busca risas sino miedo y como no nos quiere adentro de un realismo costumbrista y nos exige la conciencia constante de que lo que creíamos imposible está ocurriendo, busca una lengua literaria precisa y artificiosa, por momentos poética, que nos remite constantemente a la literatura traducida del siglo XIX; Por el otro lado, esa misma lengua produce un tono siempre un poco socarrón, muy sutilmente burlón, autoparódico. Es un modo muy audaz de relatar a contrapelo del lenguaje literario vigente. El vinculado teje su trama con la tensión que el género exige y nos agarra y nos sumerge en la intriga y en el miedo, y no nos suelta. ¿Qué ocurrió en San Ignacio Lobo? Una cadena de capítulos breves avanza vertiginosamente tanto en la historia que cuenta el libro como en la Historia de Argentina y de la sucesión de generaciones, y de pronto va incluso más atrás para buscar el origen de un Mal atávico que viaja por el espacio y por el tiempo. Este prólogo quiere, en ese aspecto, advertir a lectores y lectoras: es cierto que esto es ficción y es cierto que tener miedo mientras se lee una movela con la seguridad de estar en nuestro mundo y nuestro tiempo, tirados en un sillón, es un placer inmenso. Si buscan eso, El vinculado lo va a proporcionar con creces. Solo advierto que, como en toda buena obra, a lo mejor hay más que eso que promete el género: si San Ignacio Lobo no existe, como no existe el infecto Derry de It, sí existe este mundo horroroso que habitamos. Y no parece estar tan libre de una pulsión de muerte ancestral que se transmite y va vinculando y dañando. Y hace estragos.

Elsa Drucaroff


Estimado/a autor/a:

Una vez revisado el cuento “Clara” hemos decidido aceptarlo para la colección de cuento döppelgänger. ¡Felicitaciones! El cuento obtuvo un puntaje de 8 y en palabras del jurado calificador:

La historia de “Clara” mantiene al lector en vilo sobre la naturaleza del doble. Por otra parte, la atmósfera, los detalles y el ritmo están bien cuidados para hacer de esto una historia que genera misterio e intriga. Cumple con los requisitos de la convocatoria.

Alas de cuervo


El texto “Y en sus bocas hubo moscas” es una obra que destaca por su potencia narrativa y su ambición estética. Desde las primeras líneas, logra construir una atmósfera opresiva y perturbadora que evoluciona con precisión hacia un escenario apocalíptico de resonancia cósmica. La prosa es rica, cuidada y profundamente sensorial: cada imagen, cada sonido y cada olor contribuyen a una experiencia inmersiva que atrapa al lector en un universo donde la palabra se convierte en plaga y la vibración en dogma.

Entre sus mayores virtudes se encuentra la originalidad conceptual: la idea de una infección que no depende de materia sino de frecuencia y lenguaje es innovadora y aterradora, y se articula con rigor técnico y poética oscura. El texto maneja con maestría la tensión narrativa, escalando desde lo íntimo y clínico hasta lo social y lo telúrico, sin perder coherencia ni fuerza expresiva. Asimismo, la integración de elementos científicos, litúrgicos y políticos otorga una profundidad que trasciende el género, convirtiéndolo en una pieza que dialoga con la tradición del horror y la ficción especulativa contemporánea.

Alas de cuervo



El carpincho lector




Notas


Nota en Vorterix Bahía 99.1


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